Principios de RB
Intermedio
Dr. Miguel Ojeda Rios
Una zona que recibió un golpe, una extracción dental o una cirugía se comporta de una manera reconocible en la camilla. Al colocar sobre ella un imán de polo negativo, una pierna se acorta. Al buscar el polo complementario recorriendo el cuerpo, con frecuencia la respuesta aparece sobre la zona de un riñón. Se deja esa configuración de veinte a treinta minutos. Cuando al retirar los imanes la pierna ya no se acorta, el proceso se completó: el dolor cede a corto plazo y la inflamación baja en un plazo más largo.
Ese fenómeno, que el biomagnetismo clínico describió por observación durante décadas, tiene hoy un mecanismo físico que lo explica de principio a fin. Lo que ocurre en esa zona se puede calcular con la misma ecuación con la que se calcula el voltaje de cualquier célula, y lo que aparece al hacer las cuentas explica también por qué el complementario se encuentra donde se encuentra.
El potasio del tejido dañado despolariza a las células vecinas
Un traumatismo rompe membranas celulares. El interior de una célula contiene potasio en alta concentración, y al romperse lo vierte al espacio que la rodea. La concentración de potasio extracelular, que en condiciones normales se mantiene alrededor de 4 milimolar, sube localmente a entre 20 y 40.
Fig. 1 — El potasio vertido y su efecto sobre el voltaje de las células vecinas.
Ese cambio tiene una consecuencia calculable. La ecuación de Goldman describe el potencial de membrana de una célula a partir de las concentraciones de los iones a ambos lados, y el potasio extracelular es su determinante dominante. Con el potasio local multiplicado por cinco o por diez, las células vecinas —intactas, sin daño estructural— pasan de un potencial de alrededor de −70 milivoltios a uno de −30 o −40. Quedan despolarizadas por el medio en el que están, no por una lesión propia.
Al despolarizarse, las uniones comunicantes se cierran y la zona queda aislada
Las células de un tejido se mantienen conectadas por uniones comunicantes, los canales que atraviesan las dos membranas vecinas y ponen sus citoplasmas en contacto. A través de ellas comparten su estado bioeléctrico.
La despolarización abre canales de calcio, y el calcio que entra cierra esas uniones. En ese momento la zona deja de compartir información con el tejido que la rodea: queda como una isla despolarizada dentro de una red que sigue funcionando (Levin, Cell, 2021).
La desregulación adquiere entonces una forma legible. Lo que hay en esa zona no es un daño difuso, sino una región que perdió su conexión con la red. El pH ácido llega después, como consecuencia del nuevo estado: el voltaje es lo primero, y el pH lo acompaña.
La isla se sostiene a sí misma
Para repararse, esas células necesitan repolarizarse y reabrir sus uniones. Para repolarizarse, el potasio del medio tiene que volver a su valor de reposo. Y ahí se cierra el círculo: con las uniones comunicantes cerradas y la microcirculación comprimida por el edema, el potasio local no se depura.
El estado se mantiene por su cuenta, sin que ninguna estructura esté dañada de forma irreversible. Es un punto de ajuste atascado, hecho tejido. Esta es la razón por la que una zona de trauma puede quedarse igual durante años y responder, después, a una intervención que solo cambia las condiciones del medio.
Y explica también por qué el tiempo transcurrido importa menos de lo que parece. Una extracción dental de hace quince años y una cirugía del año pasado producen el mismo tipo de hallazgo, porque lo que sostiene el estado no es la antigüedad de la lesión sino el circuito que la mantiene cerrada sobre sí misma.
La respuesta que se lee viaja hasta el iliopsoas
El acortamiento de la pierna con el que se localiza la zona tiene una ruta anatómica documentada pieza por pieza.
El iliopsoas ocupa una posición singular dentro de la fascia toracolumbar, que va del cráneo al sacro. Tiene inervación doble, somática de L1 a L3 y simpática. Está fusionado por fascia con la cadena simpática lumbar a través del ligamento arcuato medial del diafragma. Y tiene una asimetría natural, que es la base del reflejo de acortamiento.
Eso lo convierte en un transductor entre lo somático y lo autonómico: cuando el campo actúa sobre una zona desregulada, la señal viaja por la fascia y la cadena simpática hasta el iliopsoas, que cambia su tono. La pierna no contiene información sobre la zona lesionada. La red responde, y la vía motora es el canal de salida.
Antes de leer se calibra. La mayoría de las personas presentan un acortamiento basal del hemicuerpo derecho, que refleja la asimetría del músculo y el tono autonómico de fondo, y que se corrige antes de rastrear para que no enmascare las respuestas específicas.
El riñón regula el potasio extracelular
El punto complementario que aparece con más frecuencia en el trauma se ubica sobre la zona de un riñón, y ese hallazgo tiene una explicación directa: el riñón es el agente que controla con precisión la variable que está fuera de rango. Regula el potasio extracelular, que es justamente el determinante dominante de la ecuación de Goldman.
El operador no elige ese punto. Lo encuentra siguiendo la señal del propio colectivo —la nivelación de la pierna—, que apunta hacia el nodo capaz de resolver la incoherencia. Regular el trauma consiste, entonces, en devolverle a la isla las condiciones iónicas para repolarizarse, reabrir sus uniones y volver al patrón del tejido. Los veinte a treinta minutos de aplicación corresponden al tiempo en que el patrón se recalcula, no al de una reacción química.
El trabajo local y el distante actúan por vías distintas
La zona de trauma admite dos abordajes, y cada uno funciona por un mecanismo propio.
El camino distante coloca los dos polos separados —la zona y el riñón—, y actúa sobre la regulación sistémica del entorno iónico. Es más lento y más profundo.
El camino local coloca dos imanes de polaridad opuesta uno junto al otro sobre la zona dolorosa. En la frontera entre ambos polos el campo cambia de dirección de forma abrupta y se forma un gradiente empinado, y un gradiente empinado bloquea de forma reversible los potenciales de acción de las fibras que conducen dolor, en unos cinco minutos y sin daño neural (McLean, Cavopol y colaboradores, Vanderbilt). Es rápido para el dolor.
Los dos se usan, y por razones diferentes. En ambos casos la aplicación dura de veinte a treinta minutos, y el criterio de cierre no lo da el reloj: se retira el imán del complementario y se comprueba si el acortamiento persiste. Cuando ya no aparece, el proceso se completó. La reparación anatómica sigue después, en horas o días.
Sobre esa base se trabaja también con un aplicador de cuatro imanes en posición cuadrangular y polos alternos, cuyas fronteras producen gradientes empinados en cruz.
El nombre cambia porque el fenómeno tiene mecanismo
La tradición hablaba del punto trauma como una zona que guarda la energía atrapada del golpe. Esa formulación nombra el fenómeno sin explicarlo, y queda sustituida.
Tres piezas convergen en el nombre nuevo. La corriente de lesión que Robert Becker midió: la lesión genera un voltaje. La isla de despolarización: ese voltaje desconecta la zona del colectivo. Y el nodo del rastreo: una zona desregulada que responde al polo negativo. Lo que hay ahí es una sola zona, un polo, originado por una lesión —un nodo de lesión—, y el dipolo se forma cuando el rastreo encuentra su complementario.
El riñón es el nodo regulador establecido, porque regula la variable que domina en la despolarización aguda. Junto a él se investigan otros tres: la suprarrenal, que regula potasio y sodio por aldosterona; el hígado, que por vía vagal aclara el lactato y monta la respuesta de fase aguda; y el bulbo raquídeo, que coordina el tono autonómico. El primero está establecido; los otros tres son línea de investigación.
Hasta dónde llega lo establecido
Tres afirmaciones de este cuadro tienen tres grados distintos de comprobación, y separarlos es parte del método.
La isla de despolarización es física verificable: la salida de potasio, la ecuación de Goldman y el cierre de las uniones comunicantes por calcio están documentados y se calculan.
La observación clínica —la nivelación de la pierna, el riñón como punto complementario frecuente— es empírica: se repite, se registra y se enseña, y proviene de la práctica sistematizada del biomagnetismo desde 1988.
El mecanismo exacto que une la zona de trauma con el riñón está en fase de hipótesis. Las candidatas son un gradiente que actúa sobre el eje simpático, la reconexión de la isla al colectivo, y la normalización del tejido hacia su patrón correcto. La formulación antigua —que el punto trauma libera la energía atrapada del golpe— queda sustituida por este mecanismo, y lo que falta por comprobar se declara como tal.
Referencias
Becker RO, Selden G. The Body Electric. William Morrow; 1985.
Goldman DE. J Gen Physiol. 1943;27(1):37-60.
Levin M. Cell. 2021;184(8):1971-1989.
Levin M. J Physiol. 2014;592(11):2295-2305.
McLean MJ, Holcomb RR, Wamil AW, Pickett JD, Cavopol AV. Bioelectromagnetics. 1995;16(1):20-32.
Goiz Durán I. El Par Biomagnético. Universidad Autónoma Chapingo; 1996.
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