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El programa de defensa termina en reparación, y el cuadro clínico aparece cuando no llega a esa fase

El programa de defensa termina en reparación, y el cuadro clínico aparece cuando no llega a esa fase

Dr. Miguel Ojeda Rios

Un conductor circula con normalidad. Otro vehículo se le cruza, frena de golpe y no ocurre nada: sin impacto, sin daño, sin lesión. Y entonces, cuando la amenaza ya pasó, aparecen el temblor en las manos, la falta de aire, la debilidad en las piernas y las palpitaciones. El cuadro dura varios minutos y se va.

Casi cualquier paciente ha vivido ese episodio, y ninguno lo atribuye a una emoción. Nadie explica el temblor de sus manos diciendo que estaba triste. Lo reconoce como fisiología, y por eso sirve para ver con claridad qué es la respuesta defensiva y en qué momento se completa.

Lo que ese minuto muestra es una secuencia con un final previsto. El cuadro clínico que ocupa buena parte de la consulta aparece cuando esa secuencia no llega a su última fase, y se queda a medias durante años.

La respuesta defensiva tiene seis fases, y la última es la reparación

La cascada está documentada de forma consistente en animales y en humanos (Schauer & Elbert, 2010; Kozlowska et al., Harv Rev Psychiatry, 2015). Empieza con la activación y la orientación, sigue con la puesta en espera de la huida o la lucha, y continúa con la defensa activa —correr o pelear—. Esas tres fases son movilización simpática.


Las seis fases de la respuesta defensiva, con su perfil autonomico; la sexta es la reparacion.

Fig. 1 — Las seis fases y su perfil autonómico. El programa está construido para terminar en la sexta.

Las dos siguientes cambian de perfil autonómico: la inmovilidad tónica, que es el recurso último ante una amenaza de la que no se puede escapar, y el colapso con apagado conductual y disociación. Ambas son de dominancia parasimpática. Conviene tenerlo presente, porque el discurso terapéutico habitual equipara parasimpático con calma, y la inmovilidad tónica y el desmayo también son parasimpáticos.

La sexta fase es la quietud que promueve el descanso y la reparación. El programa está construido para terminar ahí. Quedarse atascado significa no llegar a esa última fase. Todas las fases están mediadas por una misma vía neural: amígdala extendida, hipotálamo, sustancia gris periacueductal y núcleos simpáticos y vagales.

La gacela tiembla después de escapar, y vuelve a su línea base

Una gacela perseguida por un depredador escapa. La amenaza terminó y el animal está ileso. Entonces, ya a salvo, tiembla. Sacude el cuerpo durante un tiempo variable, y después reanuda el pastoreo con un perfil autonómico normal.

Lo que importa es el momento en que ocurre el temblor: no durante la persecución, sino después. Durante la persecución el animal corre. El temblor pertenece a otra fase, y esa fase es la terminación del programa. El desenlace importa tanto como el temblor: la gacela no queda en alerta sostenida, vuelve a su línea base y se queda ahí.

El fenómeno está descrito de forma amplia en el reino animal, sin depender de ninguna teoría en particular. Los mamíferos se sacuden tras un conflicto o un susto, hay temblor postural de recuperación tras el estrés en numerosas especies, y la pandiculación —el estiramiento con bostezo— es una conducta de terminación presente en prácticamente todos los vertebrados.

Ahora el mismo episodio del conductor, con una diferencia. Lleva pasajeros, va con retraso, o va trabajando, y no se detiene. Concluye que no pasó nada, respira hondo una vez y continúa. El temblor no aparece y la secuencia queda interrumpida. El programa está en las dos especies por igual; lo que el humano hace y el animal no es interrumpir su terminación, por contexto social, por urgencia, por vergüenza o simplemente por seguir funcionando.

La homeostasis corrige; la alostasis predice

Peter Sterling formuló el marco que ordena esto, y va contra la intuición habitual: el objetivo de la regulación no es preservar la constancia del medio interno, sino ajustarlo continuamente para favorecer la supervivencia (Physiol Behav, 2012).

Los puntos de ajuste se mueven por anticipación a la demanda prevista. La carga alostática es el costo acumulado de sostener esos ajustes bajo perturbación crónica (McEwen & Stellar, Arch Intern Med, 1993). Sterling define la salud como la capacidad de responder de forma óptima a las fluctuaciones de la demanda: salud es poder mover los valores y volver.

Esa definición reordena la clínica. Un valor alto en reposo deja de ser el problema en sí mismo, y pasa a serlo la incapacidad de moverlo. Un sistema sano sube cuando toca subir y baja cuando la demanda cesa; uno con carga alostática alta se queda arriba porque sostener el ajuste le cuesta cada vez más. Y la corrección por retroalimentación, que es el modelo con el que se suele pensar la regulación, resulta intrínsecamente ineficiente comparada con la anticipación.

Un sistema con el tono de defensa alto está preparado para un mundo que ya no está

Si la regulación funciona por anticipación, entonces un sistema con el tono de defensa alto de forma crónica está haciendo exactamente lo que le corresponde, dado lo que predice. La predicción quedó fijada en un momento en que hacía falta, y no se actualizó.

Eso mueve la pregunta clínica de lugar. Deja de ser cómo bajar ese tono, y pasa a ser qué información le falta a este sistema para dejar de predecir amenaza. Una predicción no se actualiza con un sedante: se actualiza con evidencia que la contradiga.

Un ciclo defensivo completado es esa evidencia. La descarga informa la activación —le dice al sistema que el episodio terminó y que la predicción de amenaza ya no se sostiene—. Por eso la gacela no queda simpaticotónica: su sistema recibió la señal de terminación y actualizó con ella. Y por eso el conductor que no se detuvo queda distinto: no le faltó gasto de adrenalina, le faltó el dato.

Esta formulación tiene tres ventajas sobre la idea de descargar una energía acumulada. No requiere una energía que nadie ha medido, encaja con la regulación predictiva que la fisiología ya describe, y explica el mecanismo en lugar de nombrarlo.

El marcador del eje mide flexibilidad: amplitud, tiempo de retorno y variabilidad

Si el objetivo deja de ser bajar un valor, el marcador tampoco puede ser un valor. Lo que se mide es la amplitud —si el sistema puede subir cuando toca—, el tiempo de retorno —si puede bajar, y en cuánto—, la variabilidad —si modula— y cuánto dura el cambio conseguido.

El marcador que este corpus ya usaba mide justamente eso: la variabilidad de la frecuencia cardíaca informa flexibilidad, no nivel. Una variabilidad alta significa capacidad de modular. Junto a ella van el ritmo diurno de cortisol y la presión y la frecuencia en reposo.

Ese criterio descarta una formulación que se oye a menudo. Bajar la simpaticotonía nombra una variable y ordena hacerla más pequeña, que es la lógica del sedante: el valor baja y la capacidad de modularlo no vuelve. Restaurar la alternancia entre activación y recuperación dice qué se busca, sin decir cómo. Entregar al sistema la señal de que el episodio terminó, para que actualice su predicción, dice el mecanismo —y por eso es la formulación que este método usa.

El estado de defensa alarga el tiempo que tarda en cerrar una herida

Kiecolt-Glaser y colaboradores compararon a mujeres cuidadoras de familiares con demencia con controles pareados. A todas se les hizo la misma biopsia por punción de 3.5 milímetros. Las cuidadoras tardaron 48.7 días en cicatrizar; los controles, 39.3 (Lancet, 1995).

El correlato mecanístico está medido: los leucocitos de las cuidadoras produjeron significativamente menos ARN mensajero de interleucina 1β ante estímulo. El estado de defensa sostenido degradó la señal de inicio del programa de reparación. El programa arrancó peor, y por eso tardó más.

Ese mismo nivel de ajuste se lee a tres alturas distintas. En la escala muscular aparece como tensión de defensa y contractura. En la escala autonómica, como alerta sostenida. En la escala inflamatoria, como umbral bajo de activación y resolución que no llega. Un paciente con el tono alto se registra distinto, se mide peor y resuelve más lento, y esas tres observaciones son la misma lectura tomada en tres lugares.

Referencias

Kiecolt-Glaser JK, Marucha PT, Malarkey WB, Mercado AM, Glaser R. Lancet. 1995;346(8984):1194-1196. PMID 7475659.

Kozlowska K, Walker P, McLean L, Carrive P. Harv Rev Psychiatry. 2015;23(4):263-287.

McEwen BS, Stellar E. Arch Intern Med. 1993;153(18):2093-2101.

Schauer M, Elbert T. Z Psychol. 2010;218(2):109-127.

Sterling P. Physiol Behav. 2012;106(1):5-15. PMID 21684297.

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